Hace días recibí en un pequeño sobre en la puerta de mi oficina, era una invitación personalizada a una ceremonia de graduación de preparatoria, quien se gradúa, el pequeño Matías, que ya no es tan pequeño a decir verdad, pues este año estará cumpliendo su mayoría de edad. Aún recuerdo cuando conocí a Lucía y Juan Pablo sus padres, una pareja joven con una madurez increíble, y un profundo amor el uno con el otro, tenían un nivel de vida bueno, Lucía se dedicada al hogar y Juan Pablo ejerciendo su profesión como piloto aviador, formaron una linda familia al lado de Matías que en aquel entonces cuando los conocí tenía casi los 4 años. Su mayor preocupación era Matías pues sabían que la mejor herencia que podían dejarle es la educación, porque la preparación profesional le permitiría en un futuro decidir el rumbo de su vida, ellos temían que esa herencia se pudiera ver afectada por los riesgos a los que estaba expuesto Juan Pablo ya que este era el único sustento familiar.

Cuando nos conocimos parecía que el destino me había puesto en el lugar correcto pues cuando les platiqué que con un instrumento financiero de ahorro y protección podrían garantizar la educación de su hijo pase lo que pase, no dudaron en iniciarlo. Recuerdo cuando les pedí que escribieran en una hoja en blanco una carta para su hijo, cada uno llenó una hoja completa misma que guardamos y sellamos en un sobre que se quedó en mi oficina por todos estos años.

La última vez que los vi personalmente, fue cuando Matías tenía 11 pues me llamaron para darme la mala noticia que Juan Pablo había fallecido en un accidente aéreo, Lucía estaba desolada, en aquella ocasión les ayudé a cobrar una suma asegurada por el fallecimiento y les perdí la pista pues ya no fue necesario que siguieran pagando su plan educacional. Los contacté hace poco pues sabía que Matías estaba por cumplir 18 años, fue ahí donde Lucía me dijo que le encantaría que estuviera en su evento de graduación y semanas más tarde ella misma se encargó de enviar la invitación.

Hoy fue el gran día, llegué cuando ya estaban todos acomodados y me senté en las sillas de atrás, ahí adelante estaba Lucía sentada con los ojos llenos de lágrimas observaba orgullosa a Matías quien recogía su reconocimiento por mejor promedio de la generación, me sorprendió que lo fuera parece ser un buen chico y creo que sus padres hicieron un buen trabajo con él, me conmovieron sus palabras de dedicatoria a sus padres, yo estaba anonadado admirándolos, aunque debo admitir que me sentía ansioso de que terminara la ceremonia pues tenía en mis manos un pequeño presente de felicitación y una carpeta de regalo que contenía una póliza de seguros y dos largas cartas de Amor en sobre amarillento con fecha de 14 años atrás. Al acercarme Matías algo incrédulo me reconoció, le platiqué que ese día venía a cumplir el sueño que tuvo Juan Pablo de Garantizar su educación sobre cualquier cosa, Matías se acercó a darme el abrazo más sincero que he tenido en mucho tiempo.

Hoy me quedé con ese buen sabor de boca de hacer lo correcto, me sentí afortunado de poder ser el intermediario de un sueño, y tengo desde esta tarde en mi cabeza la idea que el chico debe ya de haber leído las cartas, nunca supe con exactitud las letras exactas que contenía dicho papel, lo que si sé es que Matías debe estar orgulloso de sus padres que desde pequeño estaban cuidando sus pasos y debe estar seguro que esa es la carta de amor más sincera que ha tenido hasta entonces.

 
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